La diferencia entre desinfección y sanitización suele generar controversia. Dentro del ámbito sanitario, en español “desinfectar” se refiere a la acción de eliminar de una superficie, gracias a productos químicos (cloro, alcohol, ozono…) o a medios físicos (altas temperaturas, luz ultravioleta…), todos o casi todos los microbios patógenos exceptuando las esporas bacterianas (si se da este caso, lo que hacemos es esterilizar, que es el nivel más extremo de limpieza). Desinfectar no es pues igual que sanitizar, un término que la Real Academia Nacional de Medicina entiende como anglicismo por traducirse directamente del inglés “sanitize”. Así, establece que no es correcto emplearlo para referirse a la acción de desinfectar o para hablar de forma generalizada de lo que sería sanear o higienizar.

Entonces, ¿cuándo se puede emplear el término sanitizar? Desde nuestra experiencia, podemos decir que, dentro del ámbito de la limpieza profesional, significa limpiar de forma que se reduzca a un nivel “seguro” el número de microorganismos en medio ambiente y superficies. No necesariamente se eliminan todos ellos, por tanto. Cuando hablamos de microorganismos nos referimos a “gérmenes”, es decir, hongos, bacterias, protozoos o virus, capaces en muchos casos de causar enfermedades. En relación a ellos, hay que decir que:

  • La limpieza los quita junto a la suciedad y las impurezas, normalmente arrastrándolos con agua y detergente.
  • La sanitización los reduce, como decíamos, a niveles seguros. No acaba con virus ni hongos. Los sanitizantes se emplean sobre todo para superficies que entran en contacto con alimentos, y deben acabar con el 99.999% de bacterias patógenas en 30 segundos.
  • La desinfección inactiva los gérmenes. Para ser considerado legalmente como tal, la concentración de biocida de un desinfectante químico debe ser suficiente como para acabar con el 99.999% de bacterias patógenas en un tiempo entre 5 y 10 minutos. Algunos desinfectantes acaban con virus y hongos y otros no.